Diecisiete metros de fachada es lo primero que
llama la atención al viandante que pasa por la Avenida Conde de Aranda,
a la altura del número 138-140.
A través de sus generosas
cristaleras, ya se puede percibir el interior. Por la mañana, se
contempla una cafetería tranquila y acogedora, donde poder tomar un
desayuno, un almuerzo, o un café de una de las siete denominaciones que
se ofrecen, mientras se ojea la prensa diaria. Si se requiere, también
se dispone de ordenadores conectados a internet para consultar correo, navegar,
trabajar
Por la tarde, la luz se atenúa y
el ambiente invita a beber una pinta conversando con los amigos. De fondo,
música seleccionada de los ochenta, o de género blues,
soul
, acompañan la tertulia.
Cuando por fin desaparece el sol, si el
cuerpo pide comer algo, siempre se puede tomar un frankfurt, o un bocadillo al
grill. Pasadas las 22h, la música pasa a estar algo más animada.
Se puede escuchar rock mítico, funky de los 70 y pop del mejor. Si esto
induce a jugar una partida de dardos o de billar no hay problema, se
está en el sitio apropiado. A ésta o a cualquier hora del
día (entre las 9 de la mañana y la 1 de la madrugada, y hasta las
4 si es viernes o sábado), se puede acceder a una estancia aislada de la
cafetería, con termostato y nivel musical independizado de la otra.
En esta zona, sobre una moqueta de estilo
inglés, se ubican las ocho mesas Olio de nueve pies, cuidadas al
máximo se ofrecen para los amantes del pool y los que quieren
iniciarse.
Los socios pueden guardar sus tacos en
las taquillas, hay noventa en total, se trata de que estén como en su
casa. Y es que todas las comodidades son pocas para aquellos a los que gusta
entrenar varias horas, sin dejar enfriar el taco